sábado, 6 de abril de 2013

Entrada 37. ¿Pilates de gimnasio para usuarios de gimnasio?

Desde hace días he estado rumiando en mi mente lo que significa para mí estar como responsable durante siete horas a la semana de la sala de fitness de un gimnasio de casi ocho mil socios, en una ciudad que cada vez más cuida de su salud. 
Esto lo puedo garantizar luego de haber estado casi tres semanas en Madrid y ver que la gente allá sale mucho menos a la calle a hacer ejercicio que en Barcelona.
No obstante, en ambas ciudades va cambiando la mentalidad y cada día más va en aumento la cantidad de personas que salen a la calle a ejercitarse: en la calle, playa o montaña, o también dentro de algún gimnasio o centro especializado.
Con cada curso que hago me convenzo más de mi oficio como profesor de movimiento, ya no de pilates, ni en un futuro a mediano plazo de feldenkrais. 
Un profesor de movimiento donde mi misión es asesorar, acompañar, ese movimiento en las personas; que las personas sean capaces de aprender algo de ese movimiento. Algo que dé un resultado positivo para sus vidas, para sus cuerpos, para sus mentes y para sus emociones.
Los métodos son excusas, medios, para yo acercarme asertivamente a esos movimientos, convertirlos en movimientos posibles, fáciles y por último, estéticos.
Un hámster no piensa en esas cosas cuando está en la rueda corriendo, él la hace girar sin estar muy seguro si es la rueda que gira o él es que la hace girar:

Podemos pensar que la rata blanca de la ilustración por lo menos se detuvo en alto tal vez para pensar, no por fatiga, o quizás para moverse de una manera diferente, por afuera de la rueda, no por adentro y ya eso es un descubrimiento en sí mismo, bien por ella...
En los gimnasios hay máquinas humanas donde los usuarios ruedan, caminan o corren sin pensar; algunos inclusive leyendo una revista o viendo la televisión. Yo de vez en cuando me les acerco si los veo que se pueden estar haciendo daño: por ejemplo en una elíptica con las rodillas hacia afuera, o hacia adentro; en una cinta cayendo con todo el peso del cuerpo en sus talones cuando trotan, en fin, los ejemplos son múltiples y diversos con otras máquinas.
En el pilates de los gimnasios de actividades dirigidas pasa un poco lo mismo si el profesor no se preocupa que sea de otra manera al hacer un roll up, por ejemplo: "Desde la posición tumbado hacia arriba en el suelo, hay que levantar la cabeza y mover la columna hacia adelante hasta quedar sentado sobre el suelo con las piernas extendidas hacia adelante"... 
Imposible, profesor. 
Apretar el abdomen formaría parte de ese correr del hámster dentro de la rueda. "Ánimo chicas que este es el reto del 2013, hacer el roll up antes del verano sin que nos cueste, nos quedan unos meses: aprietaaaaa y subeeeee!!!". 
Está claro que si nos queremos salir de la rueda porque es imposible, el profesor y el alumno deben esforzarse por convertir ese movimiento imposible en posible, pero no por el objetivo de la operación bikini, sino por el reto de hacerlo posible, pero sobre todo fácil.
Si el profesor y el alumno son buenos, ello ocurrirá y luego de superar ese reto, con más inteligencia que esfuerzo, solamente si ambos son mejores como profesores y alumos además de lograr el roll up este será algo fácil y estético dentro de la clase. 
Solamente al alcance de los mejores profesores y alumnos está en lograr ejecutar el roll up además de una manera fácil con una gracia estética, casi con placer. Esto es extensivo no sólo con los movimientos de pilates, sino con cualquier movimiento.
Recuerdo con cariño la anécdota de un amigo surfista brasilero que me decía que ese deporte para él y sus colegas era como una religión, donde todos madrugaban en Salvador de Bahía para luego de un par de horas surfeando ir a trabajar, felices... Que él no entendía por ejemplo como había gente que como unos robots montaban bicicleta, algo tan mecánico. 
Él se sintió un poco mal cuando le comenté que yo era ciclista de montaña desde el 2002 y que yo también lo sentía como una religión. 
Si bien es cierto que por bastante tiempo pude haber sido como el hámster en la rueda, también un día fui como la rata blanca que se detuvo no por fatiga, sino porque quería pensar, y cómo desde ese día el movimiento comenzó a ser posible, fácil y en ocasiones, estético.
Lo que cabría preguntarse en definitiva: ¿cómo son tus movimientos en el gimnasio?